martes, 5 de agosto de 2008

FACTORES PSICOLOGICOS


Estrés. El estrés mental es un importante desencadenante de angina de pecho, igual que el estrés físico. Los episodios de estrés agudo se han asociado con un riesgo mayor de trastornos cardiacos graves, como las alteraciones del ritmo cardiaco, e incluso la muerte por estas causas en personas con enfermedad cardiaca.

El estrés puede afectar negativamente al corazón de varias formas:

  • El estrés repentino aumenta la acción bombeadora y la frecuencia cardiaca y hace que las arterias se contraigan, y por tanto supone un riesgo de obstruir el flujo sanguíneo que va al corazón.
  • Los efectos emocionales del estrés alteran el ritmo cardiaco y suponen un riesgo de arritmias graves en las personas con alteraciones previas del ritmo cardiaco.
  • El estrés hace que la sangre se espese (probablemente preparándose para una lesión posible), aumentando las probabilidades de que un coágulo sanguíneo obstruya las arterias.
  • El estrés puede avisar al cuerpo de que libere grasas al torrente sanguíneo, aumentando los niveles de colesterol, al menos temporalmente.
  • El estrés puede llevar a un aumento de los niveles de homocisteína.
  • En las mujeres, el estrés crónico puede reducir los niveles de estrógenos.
  • Los acontecimientos estresantes pueden hacer que los hombres y las mujeres que tienen niveles relativamente bajos del neurotransmisor serotonina (y por tanto, un riesgo mayor de depresión o rabia) produzcan más cantidad de ciertas proteínas del sistema inmune (llamadas citoquinas), que en cantidades elevadas causan inflamación y daño celular.
  • El estrés causa un aumento repentino y temporal de la presión arterial, aunque los efectos a a largo plazo no se conocen del todo.

Depresión. Los estudios indican que la depresión puede tener efectos biológicos adversos sobre el sistema inmune, la coagulación sanguínea, la presión arterial, los vasos sanguíneos y palpitaciones. La depresión puede incluso alterar el cumplimiento del paciente en el tratamiento para la enfermedad cardiaca. En un estudio de 30 años de seguimiento, se demostró que los hombres que sufrían depresión clínica tenían un mayor riesgo de enfermedad coronaria y de infarto de miocardio que los que no estaban deprimidos, manteniéndose el incremento del riesgo durante décadas. Cuanto más severa sea la depresión, más peligro existe para la salud, aunque algunos estudios indican que una depresión leve, con sentimientos de desesperación, sufrida durante años puede dañar el corazón aún en personas sin ningún otro signo de enfermedad cardiaca.